La sexualidad del hombre.

Recientemente me encontré con una publicación en redes sociales donde una mujer hablaba sobre la necesidad que hay por que los artículos femeninos fueran gratuitos, ya que es una necesidad constante para ellas, a lo que un hombre respondió que no son artículos esenciales, son lujos, ya que bien podrían aguantarse e ir al baño cuando estén menstruando, dando a entender que es más por flojera de las mujeres que por una necesidad. La mujer se quedó sin palabras.

Nuestra sociedad actual sigue teniendo un profundo problema de falta de educación sexual. Y esto ha sido atribuido ampliamente a las comunidades religiosas que hablan de la sexualidad como algo malo e impuro, con el fin de evitar que los jóvenes tengan relaciones sexuales o incluso pensamientos al respecto. Pero la religión no es la única que ha aportado a esta ignorancia y desconexión generalizada con la sexualidad.

Desde muy jóvenes nos rodeamos de estereotipos del hombre seguro, exitoso, fuerte, sin miedo, conquistador, mujeriego, y en muchas ocasiones nos encontramos en alguna situación donde nos exigen comprobarlo. La iniciación del niño para convertirse en hombre.

La iniciación masculina es una parte muy importante del desarrollo de un hombre, e incluso distintas culturas la han llevado a cabo desde siglos y milenios atrás, donde a cierta edad, el niño comienza a acompañar a los hombres mayores a la caza, el trabajo, o algún ritual de iniciación. La explicación psicológica de estos rituales, es que se crea un sentido de pertenencia, de aceptación y validez por los ejemplos y mentores masculinos, y permite el desarrollo sano de la masculinidad a través del soporte de otros hombres.

Sin embargo, hoy en día se han olvidado estas prácticas sanas entre hombres, desarrollando una especie de iniciación social dañina, y que más que hacernos sentir conectados con nuestra masculinidad sana, nos deja una herida bastante profunda.

A mis 15 años, conocí a una mujer de 20, a través de redes sociales. En ese entonces la red por excelencia era Myspace (ya se darán una idea de mi edad). Comenzó como una plática normal, y fue subiendo de intensidad hasta comenzar a enviar fotografías con muy poca ropa. “Nudes”, como se les llama ahora. Uno de esos días, me encontraba con mi padre, y recibí un mensaje de ella. No se encontraba lejos, y me estaba dando a entender si nos podíamos conocer, por primera vez en persona. Se lo platiqué a mi padre, y él, emocionado y orgulloso, me propuso llevarme con ella, y dejarnos donde quisiéramos. Accedí.

Acto seguido, estaba en casa de mi padre, encerrado por él, con esta mujer. Su plan era darme “espacio” para poder hacer “lo que los hombres hacen”. Yo tenía 15 años, y efectivamente, la mayoría de nosotros ya sabemos de qué va a esa edad, principalmente por presiones sociales, pero un joven de 15 años jamás estará preparado para una mujer de 20. No podía dejar de pensar que mi padre estaba afuera, esperando a preguntarme qué tal me fue. Que estaba siendo “evaluado”, y que la mujer frente a mí también esperaba que hiciera algo que, en ese momento, yo no quería.

Ese día terminó conmigo sintiéndome totalmente incapaz, lleno de vergüenza, y sintiéndome como todo menos como un hombre. No me atreví a tener sexo con ella, no quería que así fuera mi primer relación sexual. Y tuve a una mujer y un padre decepcionados. Este fue mi intento de iniciación masculina.

Hemos confundido la profundidad y belleza de la iniciación masculina sana, con tener nuestra primer experiencia sexual con una mujer, y estas son dos cosas muy diferentes. Presionar a un varón joven a tener relaciones cuando no está ni psicológica ni emocionalmente preparado, es la fórmula perfecta para desarrollar vergüenza tóxica, inseguridades e incluso traumas alrededor de nuestra sexualidad.

Entre las ideas erróneas que los padres han querido implementar con sus hijos para que “se vuelvan hombres” y una sociedad profundamente influenciada por comunidades religiosas que predican la abstinencia y silencio como educación sexual, no es de extrañarse que tantos de nosotros tengamos una dificultad inmensa para hablar sobre nuestra sexualidad, y sobre todo, vivirla plenamente.

Un gran porcentaje de hombres vive su sexualidad totalmente arraigada a la vergüenza y la culpa, lo que ocasiona un rechazo, miedo e inseguridades con todo lo que se relacione con un encuentro sexual. Y una forma clara en la que podemos darnos cuenta que esto es verdad, es preguntándonos:

  • ¿Cómo fue mi primer experiencia sexual?
    1. Una experiencia que disfruté, y que podría compartir con mi familia y amigos
    2. A escondidas, a prisa, con culpa, o en una situación menos que ideal
    3. Dolorosa, abusiva, con miedo
  • Hablando de la masturbación:
    1. Mi pareja y yo hablamos abierta y cómodamente al respecto
    2. Habría un conflicto si me pareja me encontrara haciéndolo
    3. Lo hago en secreto
  • Respecto a mis experiencias sexuales, pensamientos o impulsos:
    1. Estoy cómodo compartiéndole todo a mi pareja
    2. Tengo secretos que nunca le he revelado a nadie
    3. Algún aspecto de mi sexualidad ha causado un conflicto en una relación íntima
    4. Alguna vez he intentado eliminar o limitar algún comportamiento sexual

Si respondiste a alguna de ellas con algo distinto al punto 1, entonces cargas con vergüenza sexual, y un hombre que carga con esto muy difícilmente podrá relacionarse sexualmente con una pareja de una forma sana y plena. Es esta misma vergüenza la que tiene a tantos padres de familia sin querer llevar a sus hijos al baño y verle sus genitales, o a tantos hombres sin el hábito sano de visitar al urólogo regularmente.

Existen muchos factores en nuestra actual sociedad y entorno que nos pueden llevar por un camino lejos de vivir nuestra sexualidad de una forma sana, desarrollando aún más vergüenza. A continuación menciono algunas de ellas:

  1. Un uso dañino de la pornografía.
  2. Enfoque en el desempeño.
  3. Desconexión con nuestro cuerpo.

 Uso dañino de la pornografía.

Esta es una conversación que se ha tenido muy poco en los grupos de hombres. La pornografía sí tiene efectos negativos en nuestra vida sexual. Los principales son:

    • Crea expectativas irreales de lo que le debería gustar a nuestra pareja y de cómo debería ser el sexo.
    • Puede volverse un sustituto para un encuentro sexual real.
    • Añade vergüenza sexual, ya que normalmente se usa en secreto.

Este es un tema que podría desglosar muchísimo, pero me abstendré de desviarme por este camino. En próximos artículos hablaré específicamente de la pornografía en el desarrollo del hombre.

Enfoque en el desempeño.

Este puede ir muy relacionado con el primer efecto negativo mencionado en la pornografía: las expectativas. Existen expectativas provenientes de nuestra “educación sexual” proveniente de la pornografía (entre comillas, ya que esto no es educación sexual), y de los hombres que nos rodean. Tenemos ideas irreales de lo que debe ser un encuentro sexual, ya sea que nos sintamos presionados a durar horas y horas en ello, causarle incontables orgasmos a nuestra pareja, o incluso contar con el tamaño adecuado en nuestro pene. 

Todas estas expectativas generan una presión inmensa en un momento que debería ser liberador, seguro e ideal para conocernos mejor. En cambio, el estar constantemente pensando “¿lo estaré haciendo bien?”, “¿qué posición sigue? No se vaya a aburrir”, “¡No te vengas, no te vengas, no te vengas!” nos mantiene encerrados en nuestra mente, y no hace más que alejar nuestra experiencia de lo más bello de la sexualidad: la conexión humana. Por ello el último punto se enfoca en esto.

Desconexión con nuestro cuerpo.

 Las presiones y expectativas sociales que mencionamos anteriormente nos puede llevar a estar encerrados dentro de nuestra cabeza, y desconectados completamente de lo que sentimos, de nuestro cuerpo. Esta misma desconexión es la que nos ha llevado a creer que la única forma en que podemos sentir placer como hombres es a través del pene, y eso es totalmente falso. El humano tiene incontables zonas erógenas en todo el cuerpo, y por lo tanto, una infinidad de formas de sentir placer. 

El estereotipo de hombre que se ha creado socialmente nos limita de explorar estas distintas formas de sentir placer, ya que esto representa pedirle a nuestra pareja que intente con cosas distintas, callar nuestra mente y escuchar al cuerpo, para saber qué es lo que nos gusta y qué no, e incluso preguntar a otros hombres sobre sus experiencias. Representa ser vulnerable, y es algo que a la mayoría de nosotros nos aterra.

Son muchos los factores los que han afectado el desarrollo sexual del hombre actual. Pero entonces, ¿qué podemos hacer para comenzar a vivir nuestra sexualidad más libre y plenamente? 

Auto-conocimiento y auto-aceptación. 

Antes que nada, debemos entender en qué areas de nuestra sexualidad nos hemos desconectado, o incluso desarrollado patrones dañinos. Debemos preguntarnos: “¿en qué situaciones me he enfocado en desempeñarme bien en lugar de sentir mi cuerpo y disfrutar la experiencia?”, “¿De dónde viene la vergüenza alrededor de mi sexualidad?”, “¿Qué historias y experiencias pasadas llevo cargando que me generaron un rechazo de mi sexualidad?”. Es necesario saber qué hay dentro, y aceptar que está ahí, antes de empezar a dar pasos hacia una sexualidad sana.

Acostumbrarnos a la comunicación.

Algo que suele dañar y entorpecer nuestras relaciones sexuales, es la falta de comunicación abierta y clara. Cuando no nos comunicamos, todo se rige por suposiciones. Y al no saber qué es lo que la otra persona espera, estaremos en todo momento intentando descifrar sus expectativas, distraídos de la experiencia.

Las expectativas no son malas. El no comunicar las expectativas es lo que daña. Debemos abrir ese espacio de comunicación en nuestras relaciones, donde podamos preguntar qué es lo que la otra persona quiere, lo que le gusta, lo que desea y quisiera experimentar. Esto podrá ahorrar mucho tiempo y presión por suposiciones.

Desarrolla tu creatividad.

La sexualidad va muy conectada con nuestra creatividad. El tener actividades donde se nos exige el uso de nuestra parte creativa puede ser un gran empuje para nuestro deseo sexual, nuestra libido, y la pasión que inyectamos a nuestras relaciones.

La creatividad es una fuente muy poderosa de energía, y nuestra sexualidad es la parte del ser humano que más energía requiere. La fotografía, la pintura, la música. Toda actividad que requiera de tu capacidad de creación, será un gran catalizador para tu sexualidad.

¡Muévete! 

Nuestro cuerpo no está hecho para ser sedentario. Requiere de constante movimiento para verse y sentirse sano. El ser constante en actividades físicas, ya sea en deportes, baile, entrenamiento físico, nos permite desarrollar un sentido de auto cuidado muy necesario para nosotros. Cuando descuidas tu cuerpo, éste lo resiente. Y cuando nuestro cuerpo está resentido, es mucho más fácil envolver nuestra sexualidad en inseguridades y vergüenza. Además, no hay mejor sensación que la de sentirte cómodo frente a tu pareja en nada más que en tu piel.

Re-conecta tu mente y cuerpo.

El pasar por años y años de relaciones donde nos mantenemos encerrados en nuestra mente por presiones sociales, basamos nuestra sexualidad en la vergüenza adquirida en experiencias pasadas y somos negligentes con nuestro cuerpo, lo que siente y lo que queremos, nos puede llevar a una desconexión profunda y una insatisfacción sexual constante. Y para poder trabajar en esta re-conexión es necesario desarrollar hábitos donde podamos callar nuestra mente y escuchar al cuerpo. 

Trabajos de respiración, duchas frías, yoga, meditación, e incluso la tan poco discutida masturbación sana (pronto estaremos abordándola más a fondo), pueden ser prácticas enormemente positivas para conocer mejor tu cuerpo, lo que siente, lo que disfruta, lo que lo enciende y le causa placer. 

Dejemos todas estas ideas antiguas que nos han llevado a vivir una sexualidad con vergüenza y culpa, y comencemos a ser hombres que se atreven a vivirse por completo. Que antes de amar a su pareja, se aman a sí mismos, y con ese amor dan el paso hacia el encuentro más hermoso que puede tener un ser humano. 


Este es un área que trabajamos ampliamente en The Brotherhood, el círculo de hombres de Voices of Brotherhood. Si te interesa unirte a nuestro grupo y trabajar en el desarrollo de tu masculinidad sana, ingresa aquí.


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