Polarización: lo que nos detiene de dar el siguiente paso hacia una masculinidad sana.

Solo hace falta entrar a cualquier red social para darse cuenta de la batalla campal que estamos viviendo. Desde movimientos en cuyas páginas se tiene un discurso enfocado en el juicio, hasta debates sin moderación ni madurez alguna en los comentarios de cualquier publicación.

Difícilmente encontramos una pizca de compasión en estas discusiones y discursos. Un gramo de empatía, o disposición para escuchar y guiar. Son, en su mayoría, palabras de odio, división y juicio, poniéndose uno por encima del otro, desde la seguridad de estar en lo correcto, y el otro en el error.

A esta idea de que nuestra postura es “la correcta”, se le llama idealización propia. Básicamente nos es imposible pensar que podemos ser “el malo” de la película, y estar del lado equivocado, por lo que nos aferramos a pensar que somos parte del equipo de los buenos, y que nuestras perspectivas son las únicas que pueden estar bien. Es una forma de vernos como superiores a comparación de quienes piensan distinto.

Aún en movimientos que tienen como objetivo la mejora social, la igualdad sustantiva, la disminución de la violencia y la discriminación, se presenta este fenómeno. Discursos donde se reprueba y apunta a aquellos llevando un estilo de vida o replicando actitudes dañinas como el machismo, sin que estas personas tengan una pequeña oportunidad de cuestionar qué es lo que está mal en sus acciones. Frases como “esto es para los verdaderos hombres, no para los machitos”, incluso viniendo de otros hombres, con la idea de ser hombres deconstruidos y libres de machismo, y marcando una línea clara entre esos “onvres” y ellos mismos, los hombres “superiores”.

Si, es absolutamente necesario visibilizar todas estas actitudes que han causado tanto daño a la mujer de una forma violenta y discriminatoria, y al hombre de una forma silenciosa, pero no podemos tomar el mismo camino que esa misma ideología utiliza: la división.

Si seguimos idealizándonos como superiores, en lugar de ponernos dentro del mismo grupo y entender que estamos en diferentes puntos del mismo proceso, jamás le daremos la más mínima oportunidad a quienes requieren de más ayuda para cambiar sus hábitos y formas de relacionarse. Usar esa división como discurso inicial nos condena a nunca ver ese cambio profundo y duradero que tanto buscamos. Y que tal vez debería escribir “buscamos”, porque en muchas ocasiones aparenta ser más una búsqueda de la superioridad que del cambio y mejora colectiva.

Atacar a diestra y siniestra en los comentarios a todos los que piensan distinto, aún si estamos seguros al 1000% de que nuestro discurso es el correcto, no nos llevará nunca a ningún lado. Un comentario hiriente en redes sociales no hará más que acentuar la actitud y defensividad de la otra persona. Jamás nos llevará a abrir puertas, oportunidades para poner en duda nuestras actitudes. Nos estancará en el mismo lugar en el que estamos, o incluso nos hará retroceder. Porque si algo he presenciado en estos años trabajando en acompañar a otros hombres en el desarrollo de una masculinidad sana, es que reprochar al otro por lo que ha hecho mal, lo lleva más a la culpa, la vergüenza, la reactividad.

Podríamos decir que en el camino a lograr un “cambio” social, podemos estar empeorando la situación, simplemente por cómo estamos comunicando las cosas.

Tenemos que empezar a usar la compasión como base principal en todos nuestros diálogo y conversaciones. Y esto no significa ser permisivos, pasar por alto las conductas dañinas. Definitivamente no. Significa cambiar nuestro enfoque desde uno que viene de la reactividad y el ataque, a uno que venga de la compasión y la guía. El acompañamiento, el apoyo. Si alguien está tan perdido que no nota que sus actitudes hacen daño, entonces necesita guía, necesita alguien que crean que puede cambiar.

“A veces solo se necesita una persona para creer en ti para cambiar tu vida para siempre. A veces solo se necesita una persona que no crea en ti para destruirla”.

Alice Feeney

Esta es la parte difícil. Bajar la guardia y empezar a poner la compasión primero es de las tareas más difíciles que tenemos hoy en día. Pero tenemos que hacerlo. Sobre todo si lideramos movimientos en busca de paz, de eliminación de violencia, de igualdad sustantiva y aceptación. Tenemos que comenzar por dar el ejemplo y tener un discurso que comience por hablar de lo que debemos hacer (guía) en lugar de lo que siempre hemos hecho mal (reproche).

Esto no es para invisibilizar una problemática, sino para darle dirección. Si seguimos basando todo nuestro discurso en el NO, nunca llegaremos al punto de enseñar lo que SI. Hablar más de lo que representa una masculinidad sana y cómo desarrollarla, que de una masculinidad tóxica y cómo apuntarla en los demás. Si, es importante hacer ambos, identificar para después cambiar… pero nos ha hecho mucha falta avanzar hacia el segundo paso. Son pocos los que veo guiando a mi alrededor, en otros movimientos. Los hay, pero son contados.

A todo aquel que lea estas palabras, usa esa compasión como herramienta de cambio. Estoy seguro que muchos creerán que la compasión es sinónimo de permisividad, de ser tibios con temas tan urgentes e importantes. Es ese prejuicio que desde pequeños nos inculcaron para pensar que la compasión es una emoción débil, cuando en realidad es una característica clave para un liderazgo firme y maduro. Es una herramienta como ningún otra, cuando se habla de impacto social y personal. La compasión dentro de un discurso que busca la unidad y la paz entre sexos, identidades, orientaciones, clases, creencias, etc… es crítica, para poder dar el siguiente paso.

Esta es una lucha. Esta es una batalla enorme, gigantesca. Pero no es una batalla enfocada en destruir al otro. No es una lucha enfocada en posicionarnos por encima del otro.

Luchamos por la paz. Luchamos por la unidad. Luchamos por la aceptación de nuestras diferencias. Luchamos porque la fuerza que mueva a esta humanidad sea el amor, y no el odio.

Luchemos con compasión, porque en algún momento, nosotros también estuvimos en ese punto del proceso, y seguiremos en él, porque simplemente no llegaremos nunca a la perfección. Somos humanos, y como humanos unámonos, guiémonos y escuchémonos.

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