Hombre, escucha.

Una de las necesidades más grandes que tenemos como sociedad hoy día, es la de escuchar las historias ajenas. Las historias de quienes no son parte de nuestro mismo grupo. De distinto sexo, orientación e identidad.

Ya nos hemos vuelto conscientes del impacto social que genera el ignorar la experiencia ajena, el ignorar lo que otros viven a través de sus historias, y sobre todo, el dolor, miedo e incluso odio que esas experiencias pueden haber generado en sus vidas. Ese dolor solo podrá crecer y un día explotar, si no se le da la escucha e importancia que requiere para comenzar a sanar.

Por ello, hoy quiero hablar un poco sobre nuestro rol como hombres en la lucha de la mujer.

Aún si, desde mi perspectiva, al hombre no le corresponde estar dentro del movimiento feminista, sí que nos corresponde escuchar lo que sucede con la mujer. Lo que viven, día con día, que vuelve al estado social actual una revoltura de injusticias y desigualdades.

Por años, muchísimos años, se ha dado muy poco interés a lo que tienen por decir. Sí, cada vez hay más hombres que están dispuestos a escuchar al respecto, genuinamente. Pero esto no solo se trata de lo individual: en todo sector y toda área deben comenzar a tomarse en cuenta estos gritos de desesperación. En las escuelas, en las empresas, en la política, en la familia. Porque el movimiento que las mujeres iniciaron hace más de doscientos años y que se encuentra hoy en su cuarta oleada, no es un movimiento de moda. Es un grito de auxilio, de desesperación, y al mismo tiempo, de guerra. Guerra contra lo injusto, lo desigual, lo inhumano.

El hecho de que cada día se asesinen a 11 mujeres en México, y que sólo a un porcentaje minúsculo de estos casos se le de seguimiento y resolución, es una de las razones por las que se ha acumulado tanta frustración.

El hecho de que como hombres podamos andar por la calle a la hora que sea, sin la preocupación que viviría una mujer en esa situación, ya es suficiente prueba de la cultura de la que nos rodeamos.

El hecho de que nuestro gobierno decida no hacer nada ante estos gritos, estas manifestaciones, esta desesperación que por tanto tiempo se ha intentado comunicar, y en lugar de ello permita a hombres que deberían estar bajo investigación y proceso postularse para candidaturas a gobernador, instalar vallas gigantes entre las manifestantes y “patrimonio nacional”, y constantemente esforzarse por ignorar la necesidad no cubierta en nuestro país; es totalmente inaceptable.

El patrimonio nacional más importante son nuestras personas. Todos aquellos que conformamos nuestra comunidad. Antes que cualquier monumento, edificio, o bien material, son las personas. Por ello, si una comunidad se manifiesta de maneras incluso violentas, no es porque se esté haciendo de una manera “incorrecta”, sino porque no se ha hecho nada al respecto en el pasado. Al menos, nada significativo. Porque se han puesto antes intereses vacíos que la seguridad y la vida de quienes conforman esta comunidad.

En este caso hablamos de la mujer, pero esto aplica para cualquier comunidad marginada, discriminada, y/o ignorada. No es de extrañarse que al ignorar esa falta de seguridad, este miedo se convierta en coraje, que las lágrimas se conviertan en gritos, y que los intentos de diálogo se conviertan en manifestaciones.

Entonces, ¿qué nos toca a los hombres, en relación a este movimiento?

Como mencioné anteriormente, a nosotros no nos corresponde llamarnos feministas ni estar en las marchas de un movimiento que no nació ni es para nosotros. Y he visto cómo está afirmación genera confusión en muchos hombres: ¿entonces qué puedo hacer si no puedo ayudarlas, si no puedo estar o ser parte del movimiento?

No se trata de ayudarlas, se trata de trabajar en lo que nos toca con nosotros mismos, desde nuestro propio movimiento. La mayor problemática de la que hemos sido participes y ampliamente responsables, es la de ir en automático replicando lo que la sociedad y cultura nos ha dicho que el hombre debe ser, sin cuestionarlo ni definir lo que nosotros, individualmente, queremos ser y expresar de nuestra masculinidad.

Vivir inconscientemente, desconectados y dormidos respecto a nuestro crecimiento, relaciones e identidad crea un espacio de comodidad y confort muy dañino para todos nosotros. ¿Y qué zona de mayor confort que ser aquellos que viven las menores injusticias y discriminación? Nosotros no hemos vivido lo que han vivido otras comunidades, por lo tanto no nos ha sido “necesario” exigir un cambio. Hemos estado cómodos, y esa comodidad facilita el vivir inconscientemente.

Por esto es que el movimiento del hombre, muy diferente al estar allá afuera, manifestarnos o añadirnos a una manifestación ajena, es el de ir hacia adentro. Trabajar en nuestro autoconocimiento, desde lo físico hasta lo emocional, psicológico e incluso espiritual. Empezar a echar luz en todas esas sombras que por tanto tiempo han estado ahí, guiándonos desde lo inconsciente.

El movimiento del hombre es el de escuchar. Tanto escuchar a quienes lo rodean, como a sí mismo. Escuchar la experiencia ajena y propia, para que esta sea la base sólida de un entendimiento y compasión profundos, eso que nos ha hecho tanta falta como sociedad. Y si el hombre ha sido el que ha estado más en posiciones de liderazgo, aún si esto ha venido de una situación de desigualdad, entonces somos profundamente responsables de como se ha desarrollado la situación social actual. Pero no sólo eso, sino que también jugamos un rol inmensamente importante en cambiar esta situación, desde nuestra trinchera.

Escuchemos lo que sucede a nuestro al rededor. Pongamos la vida de quienes nos rodean como el patrimonio mas valioso de la humanidad.

Creemos espacios para hablar y compartir al respecto.

Estemos dispuestos a escuchar y guiar incluso a quienes han replicado de la peor manera estas situaciones, no como “superiores” sino como iguales.

Demos el ejemplo, primero, con nuestras vidas, antes que con nuestras palabras.

Que la frase “sé un hombre” se vuelva sinónimo de “sé más empático, comprensivo, compasivo y decisivo”. En fin, más humano.


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