El hombre y el desempeño sexual.

Uno de los temas sobre los que más recibo mensajes y preguntas hechas por hombres, es sobre la sexualidad. Y más específicamente, sobre el desempeño sexual.

Actualmente, alrededor del 20% de los hombres (1 de cada 5) reporta algún tipo de disfunción eréctil, y esto fácilmente se vuelve una inseguridad importante. Si bien muchos de nosotros hemos basado parte de nuestra valía en qué tan buenas experiencias sexuales otorgamos a nuestras parejas, o cuántas parejas sexuales tenemos (ligado al estereotipo de la masculinidad limitada), es cierto que todos nosotros somos seres sexuales, y cómo vivimos nuestra vida sexual impacta de una manera directa a nuestra satisfacción y realización personales.

En algún momento me encontré con un escrito que decía: cuando estamos satisfechos en nuestra vida sexual, esta se vuelve el 20% de nuestros pensamientos sobre nuestras relaciones. Pero cuando estamos insatisfechos y/o inseguros, se vuelve el 80%, incluso más. Sobre todo cuando el hombre aún vive bajo una serie de expectativas que lo limitan de preguntar, pedir ayuda y descubrir su propio cuerpo libremente y sin juicios.

Por esto mismo, muchos hombres buscan algún tipo de píldora dorada, la solución milagrosa. Una manera rápida de arreglar este problema y al fin poderse sentir satisfechos. En distintas ocasiones me han preguntado por mi opinión sobre medicamentos y suplementos para mejorar el desempeño sexual, y mi principal respuesta va comúnmente relacionada a “¿has intentado ir a la raíz de esto?”. Si nos estamos enfermando constantemente del estómago, y nos tomamos medicamento para ello, nos aliviaremos a ratos. Pero si no revisamos qué de lo que estamos comiendo nos hace daño, seguiremos enfermándonos constantemente. Esto es algo muy similar.

La razón detrás: ¿Por qué el hombre está tan desconectado de su cuerpo, y sobre todo, de su sexualidad?

Uno de los principales factores que hay detrás de esta situación, es la desconexión entre la mente y el cuerpo del hombre. O más directamente, la desconexión con su sexualidad. Tenemos la costumbre de pasar la mayor parte de nuestros días dentro de nuestras cabezas pensando en el futuro, las preocupaciones, los pendientes, y en mil cosas más excepto en el momento presente. Tenemos malas costumbres de cuidado personal, incluyendo nuestra condición física. Tenemos muchas preguntas sin resolver, respecto a nuestro cuerpo, nuestra vida sexual y nuestro placer.

Y para profundizar un poco en ello, aquí comparto una pequeña lista de estos factores que tanto he llegado a escuchar en los años que he trabajado con hombres, y por qué son tan importantes:

  • Presión social y la ansiedad del desempeño: vivimos dentro de nuestras cabezas.
    Pasamos demasiado tiempo en nuestro día a día preocupados y estresados por lo que viene despues, nuestros pendientes y todo tipo de situaciones que escapan de nuestro control. Pensando constantemente cómo es que nos ven aquellos que nos rodean, enfocados enormemente en la validación ajena. Y, sobre todo al compartir nuestra sexualidad, pasamos demasiado tiempo preocupados pensando si seremos suficiente para la otra persona, si nos iremos a desempeñar bien, si el tamaño de nuestro pene les será satisfactorio, si la forma de nuestro cuerpo desnudo les parecerá atractivo, si terminaremos pronto, si sabremos darle placer. Y mientras pensamos en todo esto, sucede justo lo que temíamos que sucediera: estamos tan poco presentes que se vuelve mecánico y desconectado, teniendo una experiencia sexual poco satisfactoria.
  • Falta de educación sexual: ¿A quién le preguntamos? ¿Siquiera sabemos qué preguntar?
    Añadiendo a la presión constante alrededor del desempeño, se ha creado una estructura social donde, ni se provee de educación sexual accesible, ni se está permitido preguntar al respecto porque la sexualidad es mayormente vista con vergüenza y culpa. Esta combinación de presión por demostrar con la falta de espacios y apertura para preguntar sobre la propia sexualidad son la fórmula perfecta para buscar en cualquier otro lugar la más mínima información al respecto. Y de aquí nace la importancia de el tercer punto.
  • Pornografía: El adictivo “sustituto” de la educación sexual.
    Si nuestro entorno nos empuja y exige que demostremos nuestra hombría a través de nuestra capacidad sexual, y además no hay ningún lugar o persona con quien nos sintamos seguros y en suficiente confianza para preguntar al respecto, lo que más necesitaremos será encontrar cualquier tipo de información. Aquí es donde entra al juego la pornografía, ya que, antes que cualquier información, curso, taller o recurso válido sobre educación sexual, al buscar la palabra “sexo” en internet encontraremos algún tipo de contenido pornográfico. El promedio de edad al que muchos de nosotros tuvimos nuestro primer contacto con la pornografía está entre los 9 y los 11 años, mucho tiempo antes de tener un primer encuentro sexual. Y si bien nosotros, como adultos, podemos discernir entre una experiencia real de un espectáculo, un joven que va llegando a su primer década de vida, sin una referencia clara, podría fácilmente comenzar a absorber todo aquello que ve como un “ejemplo” o incluso pseudo educación de lo que es el sexo. 

Pueden existir muchos otros factores involucrados en por qué un hombre puede sentirse desconectado de su sexualidad, y llevarlo a vivirla de una manera meramente superficial e insatisfactoria, pero sin duda estos son algunos de los factores que más impacto tienen de manera colectiva, y con los que muchos de nosotros podemos identificarnos a través de nuestro proceso. 

Con tan sólo preguntarnos qué tan cómodos nos sentimos hablando de nuestros hábitos en torno a la masturbación, cómo fue nuestra primera vez, si esta fue a escondidas o con miedo de ser descubiertos, si solemos llamarle con apodos a nuestro pene porque nos causa cierta pena llamarlo por su nombre… podemos darnos cuenta que existe una gran cantidad de vergüenza, desconocimiento, e incluso inseguridades.

Pero entonces, ¿cómo pudiéramos comenzar a salirnos de ese espacio de desconexión y vergüenza sexual?¿qué pudiéramos intentar para comenzar a ver cambios en nuestra vida sexual, tanto compartida como en solitario?

Aquí comparto 5 puntos que en mi experiencia han sido de gran ayuda:

  • Revisar tus hábitos de consumo.
    Aquí podemos hablar tanto de la mala alimentación/consumo de sustancias como el uso constante de pornografía. Ambos pueden tener impactos importantes en cómo nuestro cuerpo reacciona a la hora de tener un encuentro sexual. ¿Cómo esperar que duremos el tiempo que nosotros deseemos teniendo sexo, cuando nuestro hábito más común a la hora de darnos placer en solitario es de forma rápida, breve, mecánica y sólo frente a una pantalla? ¿Cómo esperar que nuestro cuerpo rinda como nos gustaría si no lo hemos alimentado y nutrido satisfactoriamente? Es importante tener en mente que nuestro comportamiento a solas se refleja en nuestro comportamiento en pareja. Algunas preguntas importantes aquí serían: ¿Estoy cuidando mi cuerpo a través de lo que consumo (alimentos, alcohol, tabaco)? ¿Estoy cuidando mi cuerpo a través de lo que consumo visualmente? ¿A qué estoy acostumbrando a mi cuerpo, a sentir placer breve y sólo en una zona específica, o a disfrutar paciente y ampliamente?
  • Conectar con tu cuerpo.
    Similar a la parte de la alimentación, si mantenemos nuestro cuerpo inactivo y con un estilo de vida altamente sedentario, lo podemos ver reflejado en cómo responde en esos momentos de intimidad sexual. El ejercicio físico, el baile, los deportes y cualquier actividad que nos exija de alguna manera física puede hacer la diferencia. Nuestro cuerpo resiente cuando lo dejamos abandonado mucho tiempo. Además un ejercicio físico moderado a intenso puede tener impactos positivos en nuestro deseo sexual, en nuestra libido. ¿Le estoy dedicando el tiempo suficiente a mover mi cuerpo? ¿Qué puedo hacer a partir de ya para dedicarle al menos 20 minutos diarios de actividad física?
  • Investigar y practicar.
    ¿Alguna vez has escuchado de los ejercicios Kegel? Se trata de un ejercicio que nos ayuda a fortalecer los músculos del suelo pélvico, lo cual trae beneficios que van desde un mejor control de la vejiga y el intestino (son muy recomendados cuando se tienen problemas de incontinencia), hasta tener erecciones más fuertes y duraderas, y la prevención de la eyaculación precoz. Estos ejercicios en combinación con ejercicios de respiración (como el método Wim Hoff), pueden hacer maravillas para conectar con el cuerpo, la libido y como le suelen llamar en la práctica sexual taoísta, la energía sexual. Si bien no explicaré a detalle cada uno de estos ejercicios en este escrito, te recomiendo investigues sobre el método Wim Hoff, y sobre autores como Mantak Chía y su libro “El Hombre Multiorgásmico”.
  • Gestionar dónde enfocas tu energía.
    Un hecho bastante fuerte es que el estrés va del lado contrario a nuestro deseo sexual. Estar constantemente estresado, preocupado, ansioso o sobre-pensando las cosas, apaga cualquier tipo de deseo. Por otro lado, la creatividad, el jugueteo y la calma son totalmente positivas a la hora de alimentar esa libido. Dedicar tiempo a aquellas actividades y espacios que requieren de nuestra creatividad puede impactar de muy buena manera nuestra vida sexual. ¿Cuánto tiempo al día suelo pasar estresado? ¿cuánto tiempo paso siendo creativo u ocurrente? ¿Qué hábitos puedo comenzar a aplicar en mi día a día para permitirme conectar con esta creatividad y juego?
  • Preguntar. Tanto a la otra persona como a ti mismo.
    ¿Qué es lo que disfrutas más? ¿Qué te gustaría intentar? ¿Qué partes del cuerpo se sienten bien (además de los genitales)? ¿Cuáles no tanto? Y si te es difícil responder alguna de estas preguntas por ti mismo, entonces hay mucho más por descubrir a solas.

Estos puntos anteriores van más enfocado a uno mismo, pero hablando de la vida sexual en pareja, podemos encontrar otros puntos más a tener en consideración. Y uno de ellos, y tal vez el más importante, es la intimidad.

La seguridad emocional, la confianza y la apertura son las bases de la intimidad, que a su vez es la base para una relación sexual satisfactoria. Y esta intimidad no se alimenta únicamente en la cama, sino todo el tiempo. Cuando estamos presentes realmente, cuando escuchamos con atención a nuestra pareja, cuando hacemos lo que el otro disfruta, cuando bromeamos, cuando reímos, cuando lloramos, cuando compartimos de nuestros miedos, cuando le permitimos a nuestra pareja compartir lo que tal vez nunca ha sido capaz de compartir con nadie más. Entre más intencionales seamos en crear ese espacio de intimidad, mayor será la capacidad para desarrollar ese deseo sexual mutuo. Sin esta intimidad, será inmensamente difícil sentirse seguros el uno con el otro, y por ende será aún más difícil conectar sexualmente.

El sexo no es meramente físico, sino también mental y sobre todo emocional. Intentar vivir esa sexualidad con sólo una parte de nosotros presente nos llevará a la misma insatisfacción por la que tantos hemos pasado.

A final de cuentas, el objetivo no es durar más, sino disfrutarnos mejor.


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